
Las diversas especies vegetales que podemos encontrar dependerán de variables naturales como la altura sobre el nivel del mar, la humedad, la temperatura y el tipo de suelo; también de otra variable muy a tener en cuenta, la acción humana.
En el caso que nos ocupa el factor limitante natural, va a ser generalmente la cantidad de agua disponible, bien procedente de las precipitaciones o por la existencia de cursos de agua próximos.
Estos variables van a condicionar cuatro tipos de paisajes:
1. Las zonas boscosas, con:
a. Pinares sobre terrenos calcáreos
b. Pinares sobre terrenos silíceos
c. Encinares
d. Bosques sabineros
2. Los prados con sabina rastrera
3. Las estepas, colinas y cultivos
4. Los sotos y huertas
Zonas boscosasEn las zonas boscosas, encontraremos especies arbóreas de hoja perenne.
La Sierra de Albarracín se caracteriza por temperaturas frías y con poca humedad, además de estar situados por encima de los 900 metros, sobre terrenos frecuentemente calizos aunque otras veces silíceos.
Podremos encontrar formaciones boscosas en mosaico, de pequeño tamaño. En los terrenos silíceos,
pino resinero y conforme vayamos elevándonos sobre el nivel del mar será más abundante el
pino albar o silvestre.
Especies como el
Tejo, en otro tiempo más abundantes podremos observarlas en ejemplares aislados.
Pinares sobre terrenos calcáreosEstá probado que en nuestra provincia, especialmente por la zona de la sierra de Albarracín, ya existían bosques de pinares hace al menos 10.000 años.
El pino albar o silvestre ocupa las zonas más altas conviviendo con la
sabina rastrera, (Juniperus sabina), que se sitúan hasta límites superiores a los 1.700 metros de altitud.
Arbustos como la
sabina negral (Juniperus phoenicea),
sabina rastrera (Juniperus sabina),
enebros (Juniperus communis), completan la presencia de especies de la familia de las cupresáceas.
Otras especies arbustivas ofrecerán sus apetitosos frutos a diversas especies animales. Las
endrinas (Prunus spinosa) y las
grosellas silvestres (Ribes grossularia) serán apreciados manjares del
mirlo capiblanco (Turdus torquatus) o del
mirlo común o tordo (Turdus merula ) que los alternarán con gusanos y algún que otro insecto. En todos estos ecosistemas nos encontraremos con restos de piñas, que nos delatan la presencia de
ardillas (Sciuridae). No faltarán tampoco los
lirones caretos (Eliomys quercinus).
Otras aves de pequeño tamaño trabajarán incansablemente entre las ramas de los árboles o arbustos buscando insectos que sacien su apetito; por ejemplo el
reyezuelo sencillo (Regulus regulus), los
carboneros comunes (Parus major), los
herrerillos capuchinos o los
carboneros garrapinos. Unas de sus presas serán las procesionarias del pino o cualquiera de las abundantes especies de hormigas.
El
agateador común (Certhia brachydactyla) trepa en espiral por los troncos a la captura de cualquier insecto. Cuando haya terminado con un tronco, descenderá hasta la base y comenzará con otro,
Encontraremos diversas especies de rosas, o zarzas con frutos igualmente apetecibles para los
ratones de campo (Apodemus sylvaticus) o
zorro común (Vulpes vulpes),. El ratón será presa habitual del cánido pero también de alguna rapaz como el
ratonero común (Buteo buteo) o la
víbora hocicuda (Vipera latasti latasti). Otra culebra que ocupa estos lugares es la
coronela meridional (Coronella girondica).
Arbustos pinchudos como el
agracejo (Berberis vulgaris) o el
majuelo (Crataegus monogyna Jacq. Crataegus monogyna Jacq.) dan color al bosque, a la espera de que alguna
violeta, los
tomillos o las
aquilegias (Aquilegia vulgaris) den un colorido más variado. Allí estará también el
petirrojo (Eritachus rubecula), poco esquivo y de fácil observación.
Otras frutas, no sólo consumidas por los animales salvajes, son la
fresa silvestre (Fragaria vesca) y las
azarollas (Sorbus domestica) que de forma aislada, esta última, encontraremos fundamentalmente en lindes o bordes de caminos, alimentándose de diversas semillas, veremos al
pinzón vulgar (Fringilla coelebs) y al
verderón serrano (Serinus citrinella).
Pinares sobre terrenos silíceos
Si bien al pino albar le es indiferente el tipo de suelo, por lo que los encontraremos a partir de los 1.000 metros tanto en suelos calizos como silíceos, no le ocurre lo mismo al pino resinero o rodeno, que requiere estos últimos. Por ello, en los rodenos o areniscas rojas encontraremos unos magníficos bosques de esta especie. La flora que se asocia a estos terrenos, que además son más húmedos, es bastante diferente a la de los otros ecosistemas. Especies aromáticas como el cantueso (
Lavandula) y de atractivas flores como la
estepa (Cistus) o los
jaguarzos (Cistus salvifolius). Otras como las
brecinas y los
brezos nos delatan la presencia de suelos silíceos.
En los bosques de pino albar encontraremos ejemplares de
arándano (Vaccinium corymbosum), de
acebo (Ilex aquifolium)o diversas especies de rosas y zarzas.
Los
Rebollos o Roble Melojo (Quercus pyrenaica) han quedado aislados en lugares inaccesibles, o formando pequeñas poblaciones, que de forma arbustiva conviven con los pinos silvestres.
Como setas más características encontramos el
porro (Boletus Edulis) o el rebollón (Lactarius deliciosus) entre las comestibles. Pero tampoco nos será difícil admirar la belleza de la
atrapamoscas (Dionaea muscipula).
En los claros, se forman pequeños prados en los que encontraremos diversas margaritas como la
maya (Bellis perennis) o
narcisos (Narcissus). Donde sea más abundante el agua, alguna flor amarilla del botón de oro resaltará entre el fresco verde.
Sobre los árboles las
ardillas pasarán desapercibidas, mientras el
arrendajo común (Garrulus glandarius) hace de las suyas alborotando al vecindario. Las
escobas de brujas, consecuencia del crecimiento desmedido de las
acículas en alguna rama por la acción de algún hongo, nos llamarán la atención por su tupidez y verde más profundo. Por todo lo contrario, aunque también sobre las ramas, nos llamará la atención una planta parásita, el
muérdago (Viscum album), de color más claro y frutos blancos.
En algún pequeño curso de agua encontraremos el sapillo pintojo, o bajo alguna piedra al
sapo partero (Alytes obstetricans).
Como mariposa más espectacular o característica de estos bosques citamos la
isabela (Graellsia isabelae), cuyas larvas no son difíciles de ver a principio de verano.
En bordes de caminos, costados de tapias o edificaciones las ortigas serán abundantes. Y en los recovecos de alguna roca, donde no lleguen los rayos directos del sol, diversas especies de helechos encontrarán el lugar adecuado para su desarrollo.
Será común ver a los
carboneros garrapinos y un poco más difícil por su diminuto tamaño al mito.
Asimismo no será raro oír el canto nocturno del
carabo, o en las zonas de monte claro ver al
búho chico.
Encinares
Los bosques de encina, han soportado una gran presión, estando en ocasiones aclarados y siendo sus ejemplares de porte bajo. Entremezclados con las carrascas, se encuentran ejemplares aislados o reducidas islas de
quejigos (Quercus faginea Lam).
Estas formaciones se ven acompañadas de los dos
enebros y de diversas especies aromáticas, como la
madreselva, u otras de bonitos colores como las violetas.
Entre todas ellas podremos observar a las
perdices rojas o a las
palomas torcaces, que alternarán sus vuelos entre estos bosques, los
sabinares y campos de cultivo, al igual que la mayoría de la fauna vertebrada. Los mirlos también serán abundantes en estos ecosistemas.
Con un poco más de suerte podremos observar a la
curruca rabilarga, o a algún reyezuelo listado.
También matas espinosas como la
rosa, las
aliagas o los
erizones. Estos últimos se encuentran habitualmente a altitudes que rondan los 1.200 m.
Otros arbustos son llamativos, como las
sonajas o espantalobos, cuyas legumbres suenan, al ser movidas por el viento. A la que no mueve el viento es a la rastrera uva de oso, que tapiza los suelos,
Hay que nombrar a las
trufas. Entre sus más fieles recolectores podemos citar a los jabalíes abundantes por toda la zona.
Bosques Sabineros
La
sabina albar, forma bosques de todos los tamaños; encontraremos desde ejemplares aislados a grandes superficies, pasando por reducidas poblaciones. Igualmente será frecuente como forma arbórea dominante, o mezclada con
encinas,
melojos, pinos laricios o albares.
Especies vegetales de las zonas más altas serán la sabina rastrera y el enebro común, el tomillo o los erizones. Asimismo encontraremos algunas gramíneas como las
festucas o los
claveles. Común será también encontrar a la
curruca rabilarga,
mirlos y
zorzales charlos.
Entre los pájaros comedores de semillas el más frecuente será el
pardillo.
También podremos ver al chotacabras gris y a la abubilla.
Prados con sabina rastrera
Los prados, generalmente por encima de los 1.700 metros toman un aspecto especial, como manchados de verdes claros y oscuros, salpicados de diversos colores.
Una vez llegamos a los 1.700 m de altitud encontramos unos prados de gran riqueza paisajística y botánica.
A primera vista llaman la atención las manchas oscuras, rastreras, de sabina, entre las que se sitúan de vez en cuando y no en todas las laderas, ejemplares de pino silvestre. La comunidad queda rematada con ejemplares de
enebro común.
No será difícil reconocer al macho del
roquero rojo si sus hábitos esquivos nos lo permiten.
En la época invernal frecuentarán estos ecosistemas especies como el
escribano cerillo o el
acentor alpino.
Estepas, colinas y cultivos
En las zonas de estepa o garriga, predominará la escasez de agua, encontrando especies de arbustos y plantas herbáceas, en muchas ocasiones con hojas transformadas en espinas, o de pequeño tamaño, coriáceas, con abundantes pelos, siempre intentando evitar la pérdida de agua. En contrapartida sus flores son de llamativos colores y casi siempre, aromáticas.
En estas zonas se alternarán espacios cubiertos de plantas de aspecto rudo, con otros utilizados para la agricultura de cereales y leguminosas fundamentalmente. Estos lugares son frecuentados por bandadas de diversas especies granívoras como el
jilguero o los
trigueros que se alimentarán de semillas de diversas especies como el
cardo blanco o corredor. Las raíces y la parte basal del tronco de estos ejemplares serán el sustrato idóneo para que crezca la apreciada seta de cardo.
En las épocas de floración son especialmente llamativos los
erizones, los
gamones y la
hierba de las siete sangrías. Tampoco podemos olvidarnos de la
hierba sanjuanera utilizada como infusión tónica.
Acompañando a diversos cultivos florecerán la
amapola morada, la
palomilla, o las
zapatillas de venus. La
gota de sangre resaltará con el color llamativo que su nombre indica.
Posiblemente veremos algún
mochuelo que se encuentra próximo a los campos de cultivo donde capturará algún grillo.
Son abundantes por estos lugares las
alondras y las
cogujadas.
Entre los más conocidos enebros y sabinas encontraremos alguna
efedra fina, rosales y endrinos, y entre las pequeñas grietas de alguna roca la
siempreviva menor guardará reserva de agua en sus carnosas hojas.
Sotos y huertas
La vegetación de las vegas o sotos se caracteriza por ejemplares frondosos de hoja caduca. Su diversidad y extensión se ha visto muy mermada por la utilización de los terrenos para la agricultura y por plantaciones de diversas especies no autóctonas, de más rápido crecimiento para su explotación maderera; estos lugares, así como las cunetas de caminos y carreteras son aprovechados por otras especies foráneas que se convierten, por su buen aclimatamiento, en invasoras. Algunos ejemplos son la
robinia o falsa acacia, el
ailanto o árbol del cielo, o el
olmo pumilla.
Las galerías vegetales son importantes para la permanencia de las diversas especies y el correcto funcionamiento del ecosistema. Dan cobijo, permiten la cría, facilitan la consecución de las redes tróficas, amortiguan las temperaturas, tanto del aire como del agua; asimismo sujetan el terreno y ayudan al mantenimiento de los cursos de agua. A ello fundamentalmente ayudan las especies arbóreas como el
fresno, cada vez menos abundante,
Los árboles y arbustos que abundan en estos lugares, son los maltratados
chopos, cada vez menos abundantes.
Chopos y álamos, son sustituidos en gran medida por especies híbridas importadas. No nos pasarán desapercibidos los majuelos,
cornejos y
saucos.
Entre las plantas herbáceas más comunes podremos encontrar por cualquier lugar la
bolsa de pastor o diversas especies de amapolas. Con sus delicadas flores amarillas otra papaveracea como la
celidonia mayor crecerá abundantemente al borde de alguna pared o curso de agua.
Trepando entre cualquier soporte, la vetiguera o
clematis dará con sus frutos plumosos la nota pintoresca.
Entre las diversas especies de juncos y plantas de rivera, la
musaraña, incansable cazadora de insectos y arañas tal vez sea presa de la
lechuza común, que se cobija en algún granero o edificio poco visitado. También serán presas comunes de este raticida natural, los topillos y las ratillas. Estos roedores también serán devorados por carnívoros como la
comadreja o la guina o
garduña.
En huecos pero esta vez en el suelo, bajo piedras, encontraremos algún ejemplar de sapo.
Diversas especies de
sauces abundan por los márgenes de los cursos de agua, donde podremos encontrar escarabajos acuáticos como el hidrofilino, o
chinches como la
notonecta, o el
escorpión de agua.
Entre las mariposas más llamativas de estos lugares podemos citar a
la macaón o mariposa alas de golondrina o las conocidas
blancas o blanquitas de la col.
Muy difícil de observar por sus hábitos, serán los
eslizones ibéricos; no ocurrirá lo mismo con la
culebra de collar o la
viperina de agua.
Autor: José Carrasquer Zamora, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, U. Teruel